lunes, 9 de agosto de 2010

Capítulo 2

Frustración

No podía pensar con semejante mareo ¿Anabeth? Porque esa persona la había nombrado de aquella forma, ¿Por qué el nombre le resultaba tan aterradoramente familiar? ¿Era ella la única que se daba cuenta de lo sospechoso de esta situación?...
Todas esas preguntas vagaban dentro de su cabeza, sentía que corría peligro, aquel ser esbozó una sonrisa aterradora mostrando una hilera de perfectos dientes, el timbre de los ciclos superiores sonó estrepitosamente, habían perdido media hora.

-Debería empezar la clase- El semblante del profesor se relajo y se volvió “normal” en su cierta medida.
Emma asintió extrañada del cambio.
Con cierta parsimonia saltó sobre el atril y acalló aquel asfixiante murmullo.
-Es un placer estar aquí-Sonrió amablemente- Soy el profesor suplente, también me podéis llamar Simon- Era evidente que esas amables palabras tenían un doble sentido que nadie acababa de entender, una punzada de dolor sacudió el corazón de la muchacha una mezcla de culpabilidad y preocupación la embargaron por un instante.
-Bueno, tengo entendido que hoy vuestro profesor os había mandado unos trabajos, entonces vamos a ver lo que habéis escrito- No hizo nada mas, se sentó en el sillón y la señaló- Lea usted- Mecánicamente extrajo la hoja que yacía doblada en aquella carpeta echa jirones mientras sus compañeros la miraban con una mezcla de curiosidad y desprecio.
-Esta es mi redacción-Sus palabras eran secas y decaídas- Odio abrir una revista y no ver más que cuerpos de cine, consejos sobre cosas inútiles, regalos inservibles, palabras vacías de un montón de maníacos esperando ganar dinero con las inseguridades creadas por ellos mismos.-Hizo una pausa para añadir mas indignación- Atacan a las personas de corazón frágil y autoestima cero, no les importa si luego la mayoría de lectoras mueren por sobredosis de estupidez ,al leer esas revistas y ver como sus estrellas llevan esos cuerpos diez -Observó las caras de sus compañeras mirándola con odio, probablemente sintiéndose aludidas-

La realidad es un asco, y la sociedad va de capa caída ¿Quien decide lo que es perfecto? ¿Lo adecuado? Sinceramente no lo entiendo...
¿Es que no les da vergüenza ser causantes de tanto dolor y muerte?
No...
Claro que no, el dinero es más importante que la vida de más de mil jóvenes sin personalidad alguna...
Ir a cualquier sitio y ver a esas muñequitas que solo tienen celebro para hablar de un solo tema es una vergüenza.
"La moda, piedra angular de mi vida"

¿Como puede haber tanta estupidez? No lo entiendo y creo que jamás lo llegaré a entender… -Concluyó con un resignado suspiro preparada para las criticas de ese montón de necios que poblaban cual colonia de abejas las mesas del fondo, alrededor reinaba el silencio, la tempestad se acercaba.
Empezaron a escucharse unas risitas al fondo, ahogadas por carcajadas aún más grandes, acostumbrada a la situación bajó la mirada mientras guardaba la redacción en la carpeta, en la tercera fila Mabel y sus secuaces la asesinaban con la mirada, jamás se habían llevado bien y por alguna razón tenia el presentimiento de que nunca lo harían.
-Es una redacción preciosa-Desde la mesa aquel ser yacía con los brazos cruzados sin despegar sus ojos de los de Emma. La clase finalizó intentando acallar aquel murmullo, cual rayo todos los alumnos corrieron con el sonido del timbre.
Salió corriendo lo más rápido que sus piernas poco entrenadas le permitían, pasó las demás clases meditando sobre el tema en cuestión, el mismo sueño una y otra vez, esa persona tan aterradoramente familiar, aquel nombre… estaba claro que a pesar de su incapacidad para interpretar sueños, eso no parecía ser normal.

La temible luz del sol castigaba a todo aquel que se atrevía a situarse a su merced, escondidos en las sombras la gente inteligente intentaban evitar problemas mientras millones de filisteos pululaban cual mosca detrás de un pastel buscándolos.
Separada de todo ese ambiente, aislada completamente, Emma vagaba por el recito, su cuerpo buscaba a Leo mientras que su cabeza intentaba asimilar todas las emociones que llevaba consigo.
-¡Hey!-La sostuvieron por detrás empujándola contra una pared.
Sus ojos se encontraron, los enormes ojos negros de Mabel la cegaron, irritada intento liberarse de la prisión que se había formado a su alrededor.
-Lo has hecho bastante bien en clase…-Aquellos ojos de víbora la recorrieron analizándola detenidamente- Dame un euro- La ira se apoderó de la muchacha por un segundo, empujo a Mabel consiguiendo deshacerse de ella.
-¡Si no te gastaras tu dinero en cigarrillos y drogas podrías comprar un almuerzo normal!-Intercambiaron una mirada de asco.
-¡Mira que eres borde!- Ese reproche llegó hasta el fondo del corazón de Emma que ya estaba apunto de marcharse
-Te equivocas -Susurró- solo intento hacerte ver el daño que te haces a ti misma - Con una sonrisa sádica se retiró de la discusión.
Por un instante le pareció perder vista, observaba sombras a su alrededor cubiertas con finas capas cada una de ellas de diferente color.
Se frotó los ojos y desaparecieron.
El ruidoso tono del móvil sonó amortiguado por el peso de los trastos que cargaba, cerca de allí formando un círculo restringido los profesores con ojos de águila cubrían la enorme extensión. Refugiada detrás de una de las macetas de piedra rebuscó en su mochila, cada vez en un tono más alto Green Day invadía el ambiente.
Se acercó sigilosamente el teléfono.
-¿Hola?
Las interferencias se hacían más que notables en aquella conversación, una voz familiar se hizo notar.
-Ven, ven…- Cada vez la voz se volvía mas cercana, como si susurraran en su oído, un escalofrío recorrió su columna.
-¿Quién es?
Algo en esa voz la hizo empezar a temblar, normalmente habría finalizado la llamada a la primera de cambio, pero esa voz era tan familiar…
-Coche.
El teléfono se escurrió de sus sudorosas manos. Ataviado con su increíble traje Simon se adentró en el aparcamiento privado para profesores.
Embargada por la curiosidad decidió seguirle, por alguna razón sentía que no estaba sola, aquella extensión de cemento solo daba cabida para cinco coches, los cinco directivos del consejo estudiantil.
En una de las esquinas descansaba el Chrysler 150 del señor Vico, su admirado profesor de lengua, perdiéndose en aquel capó blanco nácar, ignoró al suplente por unos segundos, cuando se dio cuenta estaba delante del coche, lentamente abrió la puerta.
Un putrefacto olor entró por su nariz, en un instante sus pulmones se encogieron dejándola sin aliento, no pudo reprimir las arcadas, un sentimiento de preocupación junto con una inexplicable culpabilidad abrasaron su corazón.
El interior del vehiculo completamente oscuro, iluminado por el reflejo del retrovisor, sobre el asiento del conductor yacía un cuerpo medio descompuesto, encima del asiento contiguo se hallaba una libreta naranja, temblando Emma la sacó, pronto sus ojos se volvieron un paño de lagrimas, en una etiqueta sobre la tapa había un nombre… Vico.

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